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Niña con desvarios rancios, con tendencias psicopáticas hacia el vampirismo y a la fotografía, trepadora de árboles y aduladora de las estrellas, con un corazón semi-partido en dos, que cree aún en el principe azul, en santa claus y en el conejo de pascua.
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jueves, 21 de junio de 2007

La verdadera historia de Romeo y Julieta...


Tras numerosas peleas entre Montesco y Capuleto, Julieta y Romeo consiguieron su propósito.Fue en uno de los bailes de los Capuleto, cuando el padre de Julieta hizo pública su conformidad ante el romance de su hija con un miembro de la familia que era su eterno rival. Todos los asistentes a la fiesta quedaron boquiabiertos ante tan insólita y asombrosa noticia. Hubo todo tipo de comentarios. Una minoría se mostró contenta por la decisión del padre de Julieta. La inmensa mayoría mostró su disconformidad con abucheos, gritos, burlas y demás. Pero a él le daba igual. Sólo quería la felicidad para su hija. Julieta no paraba de llorar de la emoción, y su madre de la tristeza. La fiesta continuó toda la noche, pero ya nada era lo mismo. Los cuchicheos se habían convertido en la música de fondo de aquella reunión de Capuletos. Mientras tanto, en la casa de Montesco, todos estaban de celebración también, pero de una forma distinta. Ellos ya sabían la decisión de su oponente. Y aunque no les entusiasmaba demasiado tener como parientes a los Capuleto, se tomaron muy bien la noticia ya que Julieta era la mejor de toda esa casta. Simultáneamente, salieron Julieta y Romeo de sus respectivas casas para encontrarse en la plaza del pueblo. Se vieron en la distancia. Corrieron a su encuentro y en cuanto pudieron se fundieron en un hermoso y apasionado beso.Estuvieron juntos durante horas, hablando de lo que había sucedido. Aún no habían salido de su asombro. En el fondo no se lo creían… Pero ahí estaban, demostrando su amor por las calles de su pueblo sin miedo a que los pudieran ver. Por fin había llegado su momento. Ambos sabían que los próximos días iban a ser ajetreados para los dos. Tenían que preparar una boda espectacular. Todo el mundo hablaba de ese gran acontecimiento. Iban a adornar el pueblo, a preparar los salones de una forma asombrosa. Los invitados se pondrían sus mejores galas. Iba a ser la fiesta del año. Una Capuleto y un Montesco contrayendo matrimonio… ¡Quién lo diría!Comenzaron a vestir al lugar con los colores más llamativos que tenían. Pusieron todo tipo de guirnaldas, papeles de colores, luces en los árboles, grandes alfombras rojas en el suelo. Verona estaba preparada para el acontecimiento.Tardaron más de tres semanas en preparar las calles, la catedral, la mansión de los Capuleto, etc. Todos estaban entusiasmados. Los caballeros preparaban sus vestimentas con el mayor de los cuidados, sin dejarse ningún tipo de detalle atrás. Las señoras se vestirían con sus mejores galas y decorándose con todo tipo de complementos. ¡Hasta los niños pequeños deseaban que llegara el gran día! Para ellos estaba previsto un castillo enorme de juguete con numerosos entretenimientos y dulces en su interior. Todo estaba saliendo a pedir de boca.De todo esto se encargaron los familiares de los novios. ¿Pero qué pasó con Julieta y Romeo mientras tanto?Dedicaban el día a regalarse intensas miradas de enamorados, a dejar escapar de vez en cuando un apasionado beso o una suave caricia. Mientras todos pensaban en un solo día, el de la boda, ellos pensaban en toda una vida, la que iban a compartir juntos. Vivían de forma paralela a los acontecimientos que sucedían en Verona, tras la agitación producida después de la sorprendente noticia de la boda. Todo les daba igual. Se amaban, lo demás carecía de importancia. Y ahora ya no tendrían que besarse a escondidas. Romeo ya no tendría que esconderse en las sombras de los jardines de Julieta para decirle cuanto la quería, y ella no tendría que temer estar en su balcón escuchando las preciosas palabras de su amor. Todo iba a cambiar. Por fin, tendrían la ansiada felicidad.Mayo llamaba a las puertas. El frío había pasado y el ambiente era cálido y confortable. Los árboles se vestían con hojas de un verde llamativo, como si intentaran provocar. Las flores comenzaban a salir tímidamente y el sol brillaba con más fuerza que nunca. Llegó el gran día. Todos estaban contentos con sus ropajes, sus voluminosos peinados, con la decoración, etc. Incluso los Montesco y los Capuleto estaban felices y hablaban entre ellos. Ya estaban todos sentados en la lujosa catedral de Verona, esperando a los protagonistas. El primero en llegar fue Romeo, como era de esperar. Llevaba un traje de la época precioso, bordado con hilos de oro y hecho con la mejor tela del mercado. Pero no era su ropa lo que más llamaba la atención. Eran sus ojos y su sonrisa, que brillaban como si tuvieran luz propia. Irradiaba felicidad por cada poro de su piel y con esta estampa logró hacer sonreír también a todos los asistentes a la ceremonia. Estaba muy nervioso y no podía quedarse quieto ni un instante. Se le hicieron interminables los minutos de espera antes de que llegara la novia al altar.Pero, como todo en esta vida, nada es eterno. La música comenzó a sonar y todos se pusieron en pie para recibir a Julieta. Llevaba un vestido ceñido de seda color champán, con una larga cola y un velo de encajes. Su larga melena estaba suelta, con escasos adornos. Estaba espléndida con la sencillez de su traje. Todos estuvieron de acuerdo que era la novia más guapa que había pasado por esa catedral, aunque este comentario dio lugar a algunas envidias entre ciertas señoras… Iba con paso firme al encuentro de su amado.Sus miradas se encontraron y fue tan emocionante ese momento que no pudieron evitar al fondo los suspiros y las lágrimas. Romeo tomó entre sus manos las de Julieta y ahora le tocaba hablar a su corazón. Le susurró dulcemente lo bella que estaba y lo feliz que era por tener a esa mujer tan maravillosa a su lado. Ella no podía hablar de la emoción.La ceremonia fue preciosa y el banquete espectacular. Se estuvo hablando del evento durante los dos meses posteriores. Todos quedaron encantados, ¡e incluso las familias de los novios!Romeo y Julieta se fueron a vivir a una casa pequeña a las afueras de la ciudad, para poder vivir su romance en solitario sin tener que oír los comentarios de la gente. Estuvieron toda la vida juntos y ese fue el mejor regalo que recibieron nunca. Tuvieron hijos y fueron felices. Muy felices.